[TAG] Los libros de mi niñez

Hace mucho tiempo que no hago un tag en Vorágine de Palabras, así que quería volver a traer este tipo de formato pero no de la forma tan limitada que suele adoptar (a mi gusto, claro). Así que, rebuscando entre diferentes blogs, encontré en el fantástico y personal blog de Coremi, Saltos en el Viento este dedicado a la lectura. Acabamos de pasar la Navidad y la noche de Reyes, fechas en los que la nostalgia está siendo moneda común, por lo que me pareció perfecto rememorar mis días de infancia con el tag creado por la misma Coremi para que contemos nuestras primeras aventuras entre páginas.

Como en un flashback les presento a la pequeña Faelyan, una niña que adoraba los libros. Para mi eran objetos sumamente curiosos, pues tenían la capacidad de transportarme a otros mundos mientras la pasaba mal en el colegio y me aburría en el supermercado. Me encantaba la sensación tan desconcertante que suponía dejar la lectura para volver a la realidad, todavía con mi cabeza en los personajes y sus peripecias. También disfrutaba de ir a las librerías, donde en la sección infantil encontraba bellas ediciones, de tapa dura y rústica, que con sus colores, ilustraciones y portadas me tenían embobada. Con el paso del tiempo, me dejaron de atraer las jugueterías, porque existían libros-objeto (como me gusta llamarlos), que eran tan llamativos e imaginativos como cualquier muñeco.

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Fuente: Saltos en el Viento

Como muchos otros niños, mis primeras lecturas no fueron a través de mis propios ojos, sino mediante las narraciones de mis padres. En VHS veía la mayoría de películas de Disney basadas en cuentos de hadas (mis padres me contaron que Blancanieves y los Siete Enanitos la veía varias veces cada día), por lo que también disfrutaba de escuchar las historias en su versión escrita. Tantas veces había visto las películas y escuchado los cuentos que en un punto me los sabía de memoria, contándoselos después a mi hermano pequeño. Se ve que mi gusto por ellos era tal, que el primer libro que me regaló gente que no fuera de la familia fue una versión de Pinocho que me dio la profesora de sala de 4 años.

Supongo que los cuentos de hadas son un primer acercamiento bastante común para los niños, y tenían la ventaja de que variaban poco a pesar de tener grandes cantidades de ediciones diferentes. Disfrutaba de las ilustraciones tanto como del texto. Y siendo honesta, me costó en un futuro engancharme con la saga de Harry Potter por la ausencia de las mismas. Mi mejor amiga – lectora más ávida que yo – me veía algo inferior por no aventurarme con “lecturas de verdad”, pero jamás creí que un título fuera mejor por no contar con dibujos o detalles que la editorial incorpora.

Sabiendo esto no es de extrañarse que los primeros libros que decidí tener fueran de fantasía con ediciones cargadas. La única vez que algo relacionado a la literatura estuvo de moda en el curso al que iba fue cuando todos los niños de 7 años tenían la saga de Gerónimo Stilton. Había novelas que narraban las desventuras cotidianas de este ratón periodista con sus amigos y familia en Ratonia, pero las que más me gustaban eran las de su colección Viaje al Reino de la Fantasía: cuatro partes (que haya leído, luego continuaron publicándose más) en las que todo tipo de criaturas y locaciones aparecían, con mucha impronta del folklore de distintos países. Además tenían gran cantidad de preciosas ilustraciones, una tipografía llamativa y páginas especiales con olores. Años después quise engancharme con una saga spin-off de la hermana de Gerónimo, Tea Stilton, pero nunca lograron mi interés.

Italia tenía una fuerte impronta en el mundo editorial infantil, al parecer. No sólo la pluma tras toda la colección antes mencionada del ratón provenía de allí, sino que también dos obras importantes para mí tenían su origen en una escritora italiana: Elisabetta Gnone. Esta señora fue responsable de mi primer (y por ahora único) cómic occidental que me interesara para conseguir. W.I.T.C.H es ahora para mí un trabajo no muy distinto a los magical girls japoneses que veía en la televisión, pero echando la vista atrás creo que los personajes lidiaban con problemáticas más cercanas a los lectores adolescentes de ese entonces. No me quedó ningún ejemplar en mi estante, pero recuerdo con cariño las ocurrencias de Irma, la seriedad de Cornelia y esos trajes que seguramente serían muy incómodos para pelear.

Sin embargo, el trabajo de Gnone que me marcó y mi saga favorita de pequeña era Fairy Oak. Ambientada en un pueblo ubicado en un valle encantado, la historia desprendía fantasía clásica por los poros. Un hada niñera, llamada por una bruja para que se haga cargo de sus sobrinas: Vainilla y Pervinca Periwincle, gemelas que encierran la naturaleza complementaria de la magia, pues una es bruja de la luz y otra de la oscuridad. Es un lugar en el que la paz prospera entre magos de distinto poder, hadas, humanos sin habilidades sobrenaturales y un roble encantado. Sin embargo, acecha la amenaza sobre el mismo y las hermanas cuando un señor oscuro aparece para enemistar los bandos. De manual, ¿verdad? Más allá de ser convencional, adoraba ser testigo de las peripecias cotidianas de las niñas y sus amigos en el pueblito, desde ir al colegio hasta deleitarse con un pastel.

Además de la carisma de sus personajes y el encanto del valle, la edición era impecable. Con escasas ilustraciones cerca del texto, contaba con algunas páginas a color muy bonitas, de aspecto artesanal y antiguo. Acompañaba de maravilla a la sensación de inmersión en ese mundo tan simpático sin mucha floritura. Disfruté de su trilogía principal, que cubre el conflicto tan clásico entre el bien y el mal. Pero también me dejaron satisfecha los cuatro libros que, más que una continuación, daban más importancia a los secundarios y cerraba la infancia de sus personajes de manera sencilla y agridulce. Espero algún día reelerlos y descubrir esta historia desde otro punto de vista.

La última saga que me tenía obsesionada era la tetralogía de Emily The Strange. Un personaje nacido del merchandising que luego se convirtió en la protagonista y narradora de los libros en formato diario. Una chica de 13 años cuyas aventuras son mucho más bizarras que las de cualquier novela infantil: la chica lidia con una súbita amnesia, su propio doble malvado, una niña que le puede quitar su conocimiento y viajes a tiempos remotos.

Cargado de palabras absurdamente largas y enrevesadas, además de las ilustraciones y estilo devenido de culturas underground; me fascinaban tanto estos libros que comencé a escribir diarios sin ningún tipo de perseverancia sólo para imitar a este personaje. Se me hacía tremendamente cercana e incluso verosímil aún con tanta locura de por medio. Alguna vez durante la adolescencia releí la saga (cuyos tres primeros libros son bastante independientes entre sí), y la pasé tan bien con Emily como siempre. No será un gran personaje literario, pero siempre tendrá un lugar en mi corazón.

De pequeña pasaba mucho tiempo en bibliotecas. Tanto las escolares como la municipal. Apenas supe de su existencia, no pude evitar ir sólo porque adoraba las atmósferas que tenían. Podía hablar de libros con otros niños y recomendarnos títulos constantemente. Mi primer libro prestado de una de ellas fue el El Sobrino del Mago: el primero de las archiconocidas Crónicas de Narnia de C.S. Lewis.

812acwt2bc2lPor último, y un poco menos importante, están las enciclopedias no académicas. Guías que enseñaban sobre la ficción, sus arquetipos y todo lo que asociamos a la fantasía en todas sus manifestaciones. De criaturas mágicas y leyendas, me entretenían tanto como una buena historia. Muchas veces tenían bastantes dosis de comedia en sus entradas, aunque otras realmente buscaban informar.

La Guía Completa de Fantasilandia de Diana Wynne Jones con toda su sátira a los clichés propios de las novelas de fantasía, resulta tan divertida como inspiradora para crear mundos propios. Para más risas todavía, acudía al Monstruario de la argentina Liliana Cinetto. Plagado de chistes amenos para un publico más pequeño e ilustraciones de varios artistas, el estilo de la autora era bastante lejano a lo que uno espera del registro formal de una enciclopedia, lo que hacía su lectura más deliciosa.

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Si quería aprender leía La Guía Secreta de Harry Potter de El Cronista de Salem, un potterhead que recopiló todos los datos posibles del mundo mágico de J. K. Rowling en la era de los foros, cuando Pottermore no existía. También tenía en la estantería diferentes tomos enormes de mitología grecorromana y guías ficticias de magia para cuando jugaba a ser bruja.

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Y esos fueron los libros que más recuerdo de mis primeros años en este mundo. Hubo otros, entre ellos lecturas escolares y pequeños ejemplares en gallego que apenas tengo en mi memoria. Quise mencionar lo que más me marcó, y muchas de esas sagas y mundos ficticios hicieron mi infancia más feliz.

Espero que no se hayan aburrido con mi cantinela nostálgica. Saben que pueden contarme sus lecturas infantiles en los comentarios, y los dejo libres de hacer el tag si quieren. Eso sí, debo nominar aunque sea a dos personas cuyas respuestas me interesan muchísimo:

Ojalá disfruten haciéndolo tanto como yo. ¡Ahora toca volver al presente! Que hay muchas entradas que me quedan en el tintero.

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Maratón DreamWorks 11: “Madagascar”

¿Alguna vez vieron una película que les dejó indiferente? ¿Que lo único que podían decir sobre ella era un liso y llano meh? Bueno, resulta que mi gran reto de esta maratón no era la anti-recomendación que supuso la anterior El Espantatiburones. Criticar una mala película no es complicado, los fallos son tantos y tan notorios que señalarlos es pan comido en comparación a intentar explicar por qué una cinta ni te va, ni te viene. No hay nada tan terrible en su metraje, pero tampoco nada lo suficientemente destacable para considerarla buena. En fin, en este onceavo paso por el recorrido DreamWorks tocará exprimirme algo el cerebro y plasmar mis impresiones tanto como se pueda.

2005 | Aventura, comedia | 1h 26min |Dir Eric Darnell, Tom McGrath| ★★1/2

Desde que era pequeña hasta la actualidad, una de las franquicias de más éxito de la productora es la de Madagascar: tres películas, dos series y un film spin-off. De todo eso (antes de la maratón, claro) sólo había visto la serie de TV Los Pingüinos de Madagascar junto a mi hermanito. Las cintas no me llamaban la atención por el diseño de los personajes, y cada vez que intentaba ver la primera de éstas me quedaba dormida de inmediato. ¿Me perdí de mucho? No creo.

La historia, sin embargo, puede resultar curiosa para el cine de animación. Un grupo de animales – león, zebra, jirafa e hipopótamo – viven tranquilamente en el zoológico de Nueva York. Mientras que el felino adora ser la estrella y principal atracción del lugar, su amigo zebra Marty no sabe si pasar su existencia en cautiverio es tan prometedor. Por una serie de eventos Marty escapa del zoo, y sus amigos irán tras él para hacer que regrese. Sin embargo, las cosas no salen como planean y acaban siendo llevados a la isla de Madagascar, donde la naturaleza a la que no están acostumbrados puede separarlos para siempre, pues el apetito de un carnívoro hambriento como Alex parece poner en peligro la vida de sus amigos.

Teniendo en cuenta que uno de los directores ha estado también a cargo de la maravillosa y divertida Antz, no es tan sorpresivo que en Madagascar se pretende jugar con la representación de los animales en la animación. Esa oscilación entre su humanización y su comportamiento animal es tan antiguo como el cartoon más clásico. Aquí la premisa parte de que el actuar como humano de estos animales se da por la domesticación que supone el zoológico, y tanto el conflicto como la comedia pasan por esta cuestión.

A lo largo de la cinta, hay gran cantidad de referencias a la cultura popular, como ya acostumbra a suceder en las películas de DreamWorks. El primer tramo de Madagascar es el más entretenido en mi opinión, con los mejores gags y la aparición estelar de los pingüinos, para muchos lo mejor de la franquicia (con mucha razón). Cuando llegan a la selva, en cambio, ya las risas disminuyen. El rey Julien y los lémures tienen potencial, pero nunca llegan a ser tan graciosos porque hay que resolver la cuestión del hambre de Alex. Y ésta no es lo suficientemente explotada como para mantener nuestra atención durante lo que resta de duración.

 

El conflicto entre el grupo de amigos, aunque curioso y poco visto en una película para toda la familia, no es suficiente para que Madagascar sea recomendable porque se queda en comedia para niños. A pesar de que es un elemento que puede divertir a los adultos, la cinta no sigue el camino de Shrek o la mencionada Antz desarrollando el humor negro relacionado a una trama como la presentada. Al quedarse en entretenimiento infantil pierde el potencial para entretener a más generaciones.

No tengo mucho más para añadir. Si te gustan las películas que van a lo seguro y tienen algo de humor escatológico y referencial, es probable que ésta sea de tu agrado. Es preferible verla en inglés, pues las voces de Ben Stiller, Chris Rock y muchos más comediantes la dejan mejor parada que los doblajes. Si no es tu estilo, entonces puedes saltearla sin remordimientos: ni los personajes ni los diseños son imprescindibles.

 

No tengo mucho más para añadir. Si te gustan las películas que van a lo seguro y tienen algo de humor escatológico y referencial, es probable que ésta sea de tu agrado. Es preferible verla en inglés, pues las voces de Ben Stiller, Chris Rock y muchos más comediantes la dejan mejor parada que los doblajes. Si no es tu estilo, entonces puedes saltearla sin remordimientos: ni los personajes ni los diseños son imprescindibles.

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Meh.

La próxima vez dejamos un poco (desafortunadamente no por mucho tiempo) el 3D para volver a la entrañable animación por stop-motion. Confío en que pasaré un buen rato.

 

Favoritos 2018

Sí, voy a empezar esta entrada diciendo lo mismo que todo el mundo: ¡este año ha pasado volando! ¿Con qué más puedo comenzar? Apenas pude publicar unas entradas, no completé la maratón DreamWorks ni analice doce parejas. Los meses volaban, y cuando me senté a escribir la Vorágine de Halloween ya hacía días pasó la noche de brujas. Lo mismo con los animes de temporada, no los disfruté mientras se emitían y menos me puse al día cuando ya estaban finalizados. Fue complejo compaginar el hobbie, el blog y mi inicio en la universidad, por lo que no podré hacer esos tops de destacados del año.

A pesar de tanta desventura con el calendario, he visto películas, animes, escuchado música y leído lo suficiente para echar la vista atrás y comentar por aquí lo más memorable, obras que me quedarán en la cabeza por mucho tiempo y que merecen ser recomendadas. Algunas ya las conocerán si fueron leyendo las publicaciones “mensuales” de los mix, y otras (qué sorpresa) ni me dio tiempo a reflexionar para exponerlas como es debido. Así que aquí van mis preferidos que haya descubierto este pasado 2018 a modo de resumen de mi año en términos de entretenimiento.


Coco (2017)

Recuérdame, no llores por favor.

… Ya estoy llorando.

Poco he visto de lo que la Disney y Pixar han estrenado en la gran pantalla este año. Siempre que quise aprovechar el tiempo libre para ir a la sala de cine, ya era demasiado tarde, las habían quitado de la cartelera. Siendo honesta tampoco me llamaron la atención lo suficiente como para preferir sus films a cualquier otro, a excepción de esta película.

Si bien la historia tiene muchos elementos ya vistos, y giros bastante predecibles en general, estéticamente es brillante. No soy una devota del 3D, y creo que la dupla Disney/Pixar está rozando una monotonía con sus diseños bastante decepcionante. Sin embargo, la ambientación ayuda mucho a que Coco llegue a destacar. La presentación de México, sin ser tan innovadora, es atractiva, interesante y no se siente como un homenaje a medias.

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Además que tenemos a Pixar haciendo lo que mejor se les da: construír momentos que producen emociones muy fuertes. Nuevamente traen una historia protagonizada por humanos, y no pudo funcionar mejor. La rebeldía de Miguel aprovechada para hablar de la familia, el olvido, el éxito y el perdón cuando se llega al último acto de la cinta sin por ello aleccionar a la audiencia de manera lisa y llana. Se permite reflejar la complejidad que adquieren este tipo de relaciones de una manera que podría funcionar sin la existencia de un villano (Ernesto de La Cruz es lo peor de la película sin lugar a dudas).

Los temas alrededor de los que gira, el abordaje aprovechando la locación los he apreciado más en el segundo visionado. No es una visagra de la animación, pero está bien contada. No la considero una obra maestra, pero los sentimientos a los que apela y su maestría audiovisual bastan para que se vuelva de mis favoritas de este año.

Monthy Pyton

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Para los lectores no debe ser novedad esta mención. Y es que descubrí el trabajo de este legendario grupo y no puedo sino recomendarlo. No por ello aseguro que guste, ojo. Es humor ligado a la tradición británica, que a veces es ininteligible para quien no está familiarizado con su idiosincracia. Como cualquier chiste, depende del espectador si le da gracia, pero Monthy Python’s Flying Circus dejó una impronta tan perceptible en la comedia Occidental (sobre todo televisiva), y el humor satírico de Life of Brian o Monthy Python’s Holy Grail, que compagina cuestiones sociales con parodias de géneros cinematográficos son imprescindibles para cualquiera interesado en la cultura popular. A veces muy surrealista e irreverente, otras muy ligado a su época, crearon un sello tan distintivo que pythonesque es un adjetivo reconocido en inglés.

Si les gusta el cine, la comedia, o incluso la cultura pop, consideren imprescindible ver algo de los Python alguna vez. Eso sí, no empiecen por The Meaning of Life.

Mary Poppins (1964)

Prácticamente perfecta en todo.

Hay películas que uno, las haya visto mucho o no, pertenecerán siempre a la infancia. Eso no quiere decir que si uno las vuelve a ver no descubra aspectos más bien dirigidos a adultos que antes no eran perceptibles a nuestros ojos jóvenes. Pero son obras que son nostálgicas, en el sentido de que nos hacen sentir como si fuéramos niños otra vez, que captan esa noción del tiempo tan diferente que teníamos en nuestros primeros años de vida, además de las explicaciones del mundo distintas a las que nos querían decir nuestros padres y profesores.

Todo el mundo tiene en mente ciertas ficciones si leen esa descripción, a los que les tiene muchísimo cariño. En mi caso, ese perfil corresponde a Las aventuras de Winnie the Pooh pensando en la animación y Mary Poppins teniendo en cuenta la imagen real. (Casualidad o no la música de ambos estuvo a cargo de los hermanos Sherman).

Por supuesto, no he descubierto este film en el 2018. Cuando era pequeña mi madre me regaló el DVD cuando le había pedido el de Heidi. No recuerdo que haya sido de mis predilectas de la infancia. Pero las canciones y ciertas escenas quedaron en mi mente. Este año se iba a estrenar una especie de mezcla entre secuela y remake, por lo que quise revisitar esta película, considerada por la gran mayoría como un auténtico clásico, y de las mejores de la compañía Disney.

 

Tras tanto tiempo sin verla, puedo decir que me ha encantado. El aspecto artístico, aunque algunos efectos envejecieron bastante, es impecable y mágico. Los fondos pintados a mano, las tomas de Londres de principios de siglo XX, el anochecer en los tejados. Son escenas que a todos nos gustaría visitar. Si sumamos eso a la música encantadora y pegadiza, que por cierto no se toma en serio a casi ningún personaje adulto, tenemos una obra audiovisual maestra.

No contenta con eso, Mary Poppins cuenta con actuaciones sumamente enérgicas y carismáticas, sobre todo de Julie Andrews y Dick Van Dycke. Hacen que el paseo que supone la historia sea tan divertido, que de vez en cuando dan ganas de volver a este mundo que entre la parodia, la magia y esos momentos tan espectaculares que tiene, se queda contigo. ¿Qué mas puedo decir de este film? Supercalifragilisticoespialidoso.

Once (2007) y Sing Street (2016)

Aún me falta una cinta para ver completa la filmografía de John Carney, un director irlandés cuya filmografía siempre gira alrededor de la música, pues él mismo es músico. Aún así, creo que con estas dos alcanza y sobra para saber las características de su trabajo.

Ambas tienen protagonistas que encuentran en la música el medio para expresar todos los sentimientos y sensaciones que no pueden decir con simples palabras, y que con ese descubrimiento buscan hacerse un sitio en la industria. Hay escenas que se disponen de forma parecida (pienso en los ensayos de los grupos, con padres que les llevan algo para comer mientras disfrutan de lo que hacen). Pero hasta ahí las similitudes. Y es lógico, no tanto porque Once sea una película independiente que roza lo casero y Sing Street sea mucho más comercial. En mi opinión, las premisas toman distintos caminos por la edad de los personajes y sus vivencias. Mientras que en la primera, los protagonistas que no tienen nombre están buscándose la vida como pueden mientras intentan vivir con un pasado que los acecha; la segunda refleja la ilusión del primer amor y el valor de la familia y los sueños en la adolescencia. Es lógico que entonces los tonos de Sing Street sean más edulcorados, idealizados, cargados de la influencia que tienen los videoclips y el cine en la mente de Connor. Todo lo contrario que su antecesora, que no deja de ser tierna, pero su honestidad añade una carga amarga y realista.

¿Por qué las estoy agrupando es este puesto entonces, si en líneas generales son obras que dejan un sabor de boca diferente? Carney sigue siendo el artífice de ambas, y aunque los medios que emplea en cada una son distintos, hay una sinceridad que desprenden las dos que es cautivante. Es sabido que al escribir tanto Once como Sing Street, añadió aspectos autobiográficos. Asimismo, los actores son en su mayoría desconocidos, siendo sus primeros trabajos para el cine, y todos músicos (se agradece tener escenas en las que se nota que están tocando realmente los instrumentos y no aparentando). Todo eso ayuda a sentir menos una manipulación – bastante común en géneros como el romance o el coming of age – y más una historia orgánica, verosímil, con las emociones a flor de piel y una pasión por la música totalmente presente.

HunterXHunter (2011)

Monstruos temibles, criaturas exóticas, vastas riquezas, tesoros ocultos, mundos de demonios, tierras inexploradas.

La palabra “desconocido” contiene magia, y algunas personas increíbles son atraídas a esa magia.

Ellos son conocidos como cazadores.

Bien, aquí estoy haciendo un poco de trampa. Todavía no he terminado este anime remake del manga de Yoshihiro Togashi a cargo de Madhouse. Sin embargo, he visto lo suficiente como para disfrutarlo infinitamente. Voy con calma, pues es un camino largo que quiero apreciar. No diré mucho más porque aún no la he finalizado como para tener impresiones generales, además de que le voy a dedicar una reseña completa. Simplemente estoy encariñada con sus personajes, y deseo ver más aventuras de Gon y compañía.

Los comienzos del Studio Ghibli

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Si siguieron la pista de este blog durante el año, quizá hayan visto que comencé junto con Darijosanatus, del blog Cuatro Torbellinos Parlantes una travesía por la filmografía completa del estudio liderado por Miyazaki y Takahata, dos de las mentes creativas más aclamadas de la animación japonesa. En el 2018 hemos llegado a ver cuatro películas de su haber: Nausicaä del Valle del Viento, El Castillo en el Cielo, Mi Vecino Totoro y La Tumba de las Luciérnagas.

Todos derrochan personalidad, estilo, personajes entrañables y registros diferentes. Si tuviera que destacar los que más me marcaron han sido las que componen la dupla que se estrenó hace treinta años: las aventuras de Satsuki y Mei con Totoro en el campo y el sufrimiento por la guerra de Seita y Setsuko. Dos historias absolutamente opuestas (y de cierta manera complementarias, si uno piensa en la dinámica de los protagonistas) que te llegan al corazón. Visualmente asombrosas, son joyas de la animación que cambiaron la perspectiva que tengo del medio. Si nunca las han visto corran a verlas, porque ambas son una experiencia que no se pueden perder.

Sin desmerecer por supuesto a la apocalíptica Nausicaä… con una protagonista de la que me gustaría haber visto más y la fantástica El Castillo en el Cielo, que te lleva por una aventura por los aires excitante.

A Place Further Than the Universe

Dentro de los escasos animes estrenados este año que he visto, esta producción de Madhouse dirigida por Atsuko Ishizuka ha sido mi favorita. Arrancando a la par que el 2018, dejó el estándar sumamente algo para que otra la desplazara. Nadie esperaba mucho de una serie aparentemente del montón de un grupo de chicas adolescentes que quieren ir a la Antártida. Semana a semana fue conquistando a la comunidad otaku, con la amistad tan enternecedora que gesta entre las protagonistas, los obstáculos y las emociones que van surgiendo con las que muchos nos identificábamos, además de momentos cotidianos en los que se desarrolla una dinámica entre los personajes creíble y entretenida a partes iguales.

Sin hacer uso del fanservice ni peleas forzadas para meter conflicto, Sora Yoori mo Tooi Basho es uno de los mejores títulos que el estudio Madhouse ha animado en el último tiempo. Ojalá que también otorgue un giro en las series cute girls doing cute things plagados de moe.

Gravity Falls (2012)

Al menos una vez por año intento hacerme un hueco para la animación occidental, que actualmente viene cosechando numerosos éxitos con humor inteligente y mundos sumamente creativos. Esta vez fue el turno de esta serie de dos temporadas creada por Alex Hirsch para Disney Channel.

En contra de todo prejuicio que uno puede tener para con la cadena de televisión que la emitió, Gravity Falls es un gran serie que puede disfrutar desde un niño a un adulto. Con sus referencias culturales, parodias, homenajes, humor y personajes que rara vez son queribles en series para toda la familia. Los hermanos Dipper y Mabel son excéntricos, inteligentes cuya relación de hermanos está excelentemente ejecutada y sus aventuras juegan con el absurdo en un pueblo que, para el final, uno sabe que va a extrañar.

Los escenarios y los secundarios están bien construídos. Y es divertida de principio a fin, permitiendo que incluso los villanos más amenazadores te produzcan carcajadas.

El estilo de dibujo que tiene no me llamó la atención en un inicio, pero coincide con la naturaleza de la serie, además del uso del color y las formas bastante interesante. Es una carta de amor a los frikis irresistible, una de las mejores de la década.


Y esos fueron mis favoritos del 2018, que no dudaría en ver otra vez en el futuro. Fue un año en el que no dediqué tanto tiempo a la ficción como hubiese querido, pero que cada minuto que pude ponerme con ello fue un deleite. Que tengan un buen comienzo de año, espero que Vorágine de Palabras pueda seguir creciendo regularmente este 2019. Nos leemos.

¿Qué sucede con los animes de temporada?

Como aniblogger, una de las mayores frustraciones que he tenido a lo largo de este 2018 ha sido la incapacidad de mantenerme al día con los animes de temporada. A excepción del invierno, los meses del año pasan sin que logre decidirme a ver algún estreno. Quizá uno o dos por temporada pasen por mi radar y logren llegar a la pantalla más próxima que tenga, pero confieso que me cuesta bastante estar al pendiente. Es un asunto personal evidentemente, pues en todo espacio donde la otaquería se reúna es un tema recurrente: redes sociales, eventos, grupos de amigos y la misma pregunta una y otra vez, ¿qué estás viendo esta temporada?

Mi visionado de HunterxHunter (2011) y el reto anual de animes me va a tener ocupada este último mes, por lo que dudo que logre llegar a hacer un balance sobre este año en lo que animación japonesa respecta. En gran medida me propuse cumplir el reto y ver todas las películas de Ghibli porque me interesa más ver producciones aclamadas de gran calidad (algunas incluso son obras maestras imprescindibles para cualquier experto) que jugar a la búsqueda del tesoro cada tres meses.

Es una cuestión que se presenta seguido entre los fans de este medio ¿Son ineludibles los animes de temporada? ¿Han echado a perder la industria? Quiero alejarme de preguntas tremendistas, teniendo en cuenta el lugar de los blogs (nuestro punto de vista, básicamente). Claramente, como todo hobby, su disfrute es tremendamente subjetivo. Así que incorporaré visiones diferentes. Como yo misma no soy una asidua de las temporadas, citaré entradas de otros blog cuyas miradas son interesantes; además de incluír planteos realizador por youtubers, que son en este momento más masivos que los blogueros. Sin perder, por supuesto, mi punto de vista (que sigue siendo mi blog por algo).

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Internet: la watchlist interminable

Por si eres un otaku recién llegado a esta afición (bienvenido por cierto), vamos a contextualizar un poco. Hace años, antes del anime ilegal online y los foros sobre Naruto, la única manera de disfrutar de una serie o película animada de Japón era necesario que los títulos pasen por numerosos filtros. Como no, primero tenía que emitirse en Japón. Luego era necesario que una compañía (generalmente de Estados Unidos o Europa) consiguiera la licencia tiempo después para poder transmitirla y finalmente ponerla en venta en VHS o DVD. Los shows que llegaban a las pantallas en este lado del mundo debían ser éxitos rotundos que dieran rentabilidad. Así que lo más probable era que los niños accedieran a varias obras a través de programación infantil (Pokemon, Sailor Moon, Sakura Card Captor), los mayores tuvieran canales que pasaran joyas de culto como Adult Swim o Locomotion (Cowboy Bebop, Neon Genesis Evangelion) o incluso estaban los directivos de televisión que entendían que “esos dibujitos chinos” eran únicamente para un público juvenil y hacían llegar a los niños series cargadas de ecchi (Dragon Ball). En resumen, tenías que consumir lo que terceros te ponían a disposición o vivir rebuscando en videoclubs.

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Obviamente, internet fue es un factor de transformación. Ahora incluso siendo un niño puedes elegir qué ver con las plataformas de streaming, si esa serie de los noventa que tu primo de treinta años tanto de muestra o Yo-kai Watch. Desde hace unos años vivimos de manera más similar a los otakus japoneses que nunca: podemos ver capítulos nuevos con horas de diferencia. Con una búsqueda rápida podemos disfrutar de cualquier serie o película anime que queramos. La variedad es abrumadora así como la indecisión, ¿qué ver primero? ¿cuál vale la pena? La respuesta puede residir en tus propios gustos, o – lo más probable – en el mismo internet. Las redes sociales se colman de comentarios, recomendaciones, memes, shipeos. Se nota cuando arranca una nueva temporada de estrenos y, antes de que la misma termine, ya estamos pendientes de lo que vendrá. Así que es probable que optemos por unirnos a la movida y no quedar al margen de toda la ola de hype (concepto que no es nuevo, pero que cobra una importante vigencia con todo lo que estoy describiendo). Listo, sabemos qué vamos a ver, ¿y ahora qué?

¿Ver o no ver? ¿Escribir o no escribir? Esa(s) es (son) la(s) cuestión(es)

Así como el hype, la comunidad otaku ha generado una nomenclatura en lo que a las temporadas se refiere. “Creo que la voy a droppear“, “yo aplico la regla de los tres episodios, así decido cuáles sigo”; nuevas formas de ver anime surgen como experiencia social. Aquí es donde entran los blogs, YouTube, AnimeAmino y todo el etcétera que quieran. Al igual que los cómics, parece que el anime ya se ha instalado por completo en la cultura popular, pero su masividad no se ve plasmada en la crítica “oficial” de los medios de comunicación. La misma ha incorporado la mención a películas de animación nipona gracias a su llegada a los cines (sobre para la temporada de premios occidentales si reciben nominaciones), el caso de las series es más variable. Siempre ha sido la gente aficionada la que ha diseñado espacios alrededor del manganime. Revistas, eventos, foros, blogs, videos de fans para fans, que generan una cercanía mayor.

Los blogueros sabemos que nuestras opiniones de los estrenos de temporada son leídas, quizá las entradas más gustadas por los lectores. Por ello, sentimos la necesidad/obligación/ganas – llamenlo de la forma que sea – de comentar de manera más rigurosa éstos, recomendando nuevas promesas con entusiasmo y desilusionándonos con otras. Como lectora, es agradable sentir que comparto el visionado con más personas (ni que decir de la opinión sobre las favoritas) y siempre intento leer las impresiones que puedo encontrar cuando ando desorientada. Esto lo expresa muy bien Wanda en su blog:

“No sabía que los japoneses lanzaban al mercado cada estación del año nuevos proyectos. Lo supe cuando entre al mundo de los bloggers, cuando empecé a seguir a algunas que otras personas y a leer sus impresiones semanales sobre los animes de temporada. La verdad, fue un mundo nuevo que descubrir. Es divertido poder saber qué opina otra gente amante del anime sobre las series que tu también estás viendo y que tal vez pensó o se dio cuenta de las mismas cosas que tú, después de todo, no creo ser la única que no encontraba en su entorno cercano gente que hiciese lo mismo y con quien poder tener conversaciones extensas del tema. (…) No creo que sea un secreto que mientras más series veas puedes atraer a un número mayor de lectores”.

También Pauutopía, en respuesta a un tweet, me ha dicho algo similar:

Trayendo otro punto de vista, es cierto (esto desde un plano personal) que genera pereza o frustración escribir impresiones cada mes o semana sobre las nuevas series. No sólo porque esa agenda impide ponerse con las propias listas de pendientes que cada vez son más extensas, sino porque uno puede sentir que es fácil perder la originalidad con este formato. Con tantos puntos de vista circulando, se complica decir algo al respecto que no haya sido dicho antes. A eso, se suma el aporte de Sho-Shikibu:

Cabe aclarar que, así como es una solución para el espectador indeciso, cuando no viene una idea para publicar algo nuevo los comentarios de la temporada de turno vienen de maravilla. Todo hay que decirlo.

Pasan las estaciones, pasan los estrenos, ¿y los clásicos?

Otra cuestión que se menciona seguido es el lugar que ocupan las obras consagradas en las pantallas, ¿realmente se ven perjudicadas ante la novedad de los simulcast? Personalmente, opino lo mismo que afirma Arkada (del canal de YouTube Glass Reflection) en este vídeo. El problema no es que los clásicos pierdan su lugar como tal, pues siempre estarán ahí para el que quiera echarles un ojo. La pregunta es si los nuevos animes que salgan pueden adquirir la esa condición con el paso del tiempo. Esa preocupación proviene del bajón de popularidad de series como Shingeki No Kyojin o destacadas de años anteriores que no tienen más temporadas y que ahora se quedan en tierra de nadie ¿Alguien recuerda a Re:Zero? No hay tiempo, porque toca recibir la próxima estación y seguir el ciclo.

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Es sin duda un tema interesante. Yo me tengo perdido los animes más aplaudidos de los últimos años para ponerme al día con las temporadas varias veces, arrepintiéndome en el proceso. En el blog Dimensión Dandy hay toda una entrada sobre la escasa aparición de estrenos destacables en medio de un océano de clones mediocres que les recomiendo leer.

Por supuesto es una situación que genera modificaciones en la manera de producir anime. Arkada menciona a Boku no Hero Academia y Sword Art Online como dos casos de franquicias que no pierden atención estrenando arcos nuevos con poco tiempo entre uno y otro, manteniendo el interés de la audiencia. David por su parte destaca títulos de la talla de Ping Pong: The Animation, que demuestran que aún hay momentos de auténtica originalidad y personalidad en medio de la estandarización reinante.


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Me disculpo si la lectura de esta entrada fue densa. Espero que se entienda que sencillamente quise explorar una temática a la que le venía dando vueltas. No he tocado asuntos que también aparecen con frecuencia al hablar de las temporadas tal como la distribución del tiempo, teniendo en cuenta que es un hobby. A su vez he optado por no profundizar demasiado para no entrar en cuestiones de mercado que no interesan a una simple bloguera. Por internet hay mucha información al respecto si tienen curiosidad.

Ustedes, ¿qué opinan al respecto? ¿Qué lugar ocupan los animes de temporada en su día a día? La sección de comentarios está abierta a cualquier perspectiva.

#ParejasDelAnime: Yukari y George (Paradise Kiss)

 

Bien, sabemos que mayo pasó hace rato. Pero no ignoré esta encuesta que publiqué en Twitter, así que en esta ocasión por la voluntad popular llega la demografía josei a la sección. Generalmente en estos animes, dirigidos a mujeres y no a chicas como los shōjo, sus personajes pasan por las penurias de la vida cotidiana de un adulto: trabajan, tienen relaciones más íntimas y a veces se pueden ir por el lado erótico. Para muchos más maduro, y para otros un despropósito a la hora de representar ciertas situaciones, los animes enmarcados aquí también tienen sus parejas, acorde a su registro y estilo.

8929e2c68555e701091a9d932d0960a2Una autora de manga josei muy afamada es Ai Yazawa, una de mis favoritas, conocida mundialmente por Nana. Sin embargo, al ser una obra sin terminar, no creo que pueda hablar mucho de ella en esta sección. Además que tiene bastantes capítulos y ninguna de sus parejas me atrae por el momento como para escribir al respecto. Es un imprescindible del género romántico sin lugar a dudas, pero en esta ocasión prefiero revisar la adaptación animada del anterior trabajo de la mangaka. Paradise Kiss no sólo es más corta, sino que también tiene aspectos a destacar. Aunque el pasaje a la pantalla de la mano de Madhouse no para de decepcionarme, con un presupuesto acotado que degrada la narración, recorta escenas y deja a su historia mal parada al lado de la adaptación de Nana hecha por el mismo estudio. Pero aquí nos centramos en lo que a anime se refiere, por lo que tendré que obviar la presentación de los eventos que hace la historieta. Así que recomiendo al que no le haya convencido esta serie de doce capítulos que pruebe a leer el material original, que no se va a arrepentir y seguramente valorará tanto a Yukari como a Nana y Hachi, aún con sus diferencias.

Me disculpo de antemano si para muchos esta no es una serie para calificarse josei. Admito que fui algo rebuscada escogiendo una obra basada en una historia de Yazawa, pues muchos no se ponen de acuerdo en cuanto a denominar a su trabajo como shojos o joseis. Hacía mucho tiempo quería revisionarla, y probablemente me precipité a la hora de considerarla como un anime correspondiente a dicha demografía. Ahora sí, procedo con la entrada.


Yukari “Caroline” Hayasaka es en muchos aspectos una protagonista a la que estamos acostumbrados. Una adolescente entre la secundaria y la universidad que se debate entre lo que sus padres le exigen y lo que ella quiere hacer, sin saber a ciencia cierta qué es lo que desea. Quejumbrosa en un principio, su vida va a dar un vuelco cuando se tope con un grupo de excéntricos estudiantes de diseño de moda, que quieren que haga de modelo en un importante desfile de la escuela.

A medida que avanza la trama, va a ir tomando decisiones, rebelándose, descubriendo quién es y a dónde se dirige. Por más que esta trama de coming of age con una personalidad como la de ella nos suena bastante, a mí me ha resultado imposible no conectar con Yukari. Pretende ser firme, y abrirse un camino por su cuenta sin tener realmente una idea. Pero, ¿quién la tiene de veras en esa época? Salir de las cuatro paredes de un colegio donde pasas todo el tiempo para adentrarse al mundo adulto no es sencillo, sobre todo cuando pasas de estudiar por obligación a ser relativamente libre. Es un conflicto por el que todos pasamos de alguna forma, aunque sea incómodo darse cuenta de que hemos tenido las actitudes tan inmaduras que tiene la protagonista.

A priori parecería que Jouji “George” Koizumi tiene todo claro, en oposición a Yukari. Un apasionado por la moda, que tiene talento para diseñar y que desprende labia y glamour allá por donde va, provocando tanto a hombres como mujeres; pero a medida que avanza la trama nos daremos cuenta de que en su vida tiene situaciones que lo conectan con lo que le sucede a su modelo. Añadiría algo más, pero en el anime le quitan su aspecto cómico y le restan expresividad.

Me he dado cuenta de que George no es un personaje popular, ni dentro de Paradise Kiss ni para los que nos gustan las publicaciones de Yazawa, y no termino de entender por qué. Muchos lo consideran frívolo, manipulador o egoísta; cosa que no es tan así. Hay partes de la serie en la que se muestra más abierto y cálido, además de que si comparamos al peliazul con otros masculinos creados por la mangaka encontraremos a caracteres más desagradables como Takumi, o infantiloides varios. Para mí es un buen equilibrio de todo lo bueno y lo malo de los hombres de las historias de esta señora. Más atractivo y provocador que los tímidos compañeros de aula de un romance escolar y más caballeroso y galante que los protagonistas de joseis más subidos de tono, por no decir ecchis camuflados. Tampoco ello implica que sea de mis personajes favoritos, y de hecho como parte de un romance tiene aspectos que están lejos de ser ideales, pero dado su trasfondo y el escenario de la serie tiene un proceder algo comprensible.

En mi opinión, el romance no es el elemento principal de esta obra; el centro es el crecimiento de Yukari, el encuentro con estos personajes que también lidian con situaciones que marcaron sus infancias y el construír el propio camino en un ambiente no tradicional en la ficción. Por lo tanto, la historia no va a intentar mostrarnos momentos compartidos por éstos dos para que no podamos esperar a verlos juntos. Su atracción física y su consecuente acercamiento no le pregunta al espectador, porque es una parte necesaria para que los engranajes empiecen a funcionar. George es tan atractivo para Yukari como lo es el meterse en el grupo como modelo: supone rebeldía, desobediencia, probar que es una mujer madura accediendo a todo lo que su madre rechazaría rotundamente. La transición de pasar de su amor platónico por Hiro – un estudiante ejemplar y correcto – al  provocar a un tipo transgresor como el peliazul es la principal muestra de ello al comenzar.

A raíz de esto veremos que entran en un cliché bastante molesto. Un grupo de personajes le advierte a nuestra protagonista que George no le conviene, que no puede hacerla feliz, y casi se van para la pila de parejas “chico malo – chica buena” que suelen adoptar series que quieren hacerse llamar “maduras”. Menos mal que no se queda allí, pues no se podría decir que Yukari es buena o pura en términos de estereotipos. Afortunadamente, no aplican en este los títulos de tsundere, kuudere, u otros arquetipos a los que el anime de romance nos tiene tan acostumbrados.

Aclarando que va a haber spoilers considerables, hay que tener en cuenta que esta pareja está destinada a separarse casi desde el principio. Lamentablemente la animación no logra trasladar la expresividad de los personajes en el manga, pero de todas maneras se percibe cierta lucha que llevan adelante para mantenerse juntos. Son personas que provienen claramente de mundos muy diferentes, aunque ambos se vuelquen en la industria de la moda. Es un entorno que no los favorece, pues Paradise Kiss no es una historia sobre cumplir sueños (al menos no en el sentido que tenía Nana en un comienzo, por no salirme del ámbito de la animación japonesa) por lo que no los veremos apoyarse mutuamente para hacerse hueco en este mundillo tan intricado, superficial y volátil.

Esto deriva en el que es para mí el punto principal: la falta de comunicación presente durante todo el desarrollo de la historia. Creo que el comienzo está bien manejado, en cuanto a una atracción bastante clara. Pero a medida que pasan los capítulos las cosas no hacen si no empeorar. No establecen un vínculo de confianza lo suficientemente fuerte, y eso puede generar la antipatía de muchos. Sin defender a capa y espada la serie, es sabido que no cuentan con los elementos como para poder hacerlo, por lo que es de esperarse que este problema ocurra. George está obsesionado con encontrar a una mujer diferente de su madre, y Yukari se debate entre su independencia y seguir un modelo idílico de pareja, el cual se va a ir dando cuenta de que no existe. En ese sentido, se podría decir que hay un comentario interesante, respecto a las expectativas que uno puede tener entorno al romance, pero no está tan explotado.

Aún asi considero que tienen cierta química, y a pesar de los molestos malentendidos se nota que se preocupan por el otro ¿Es suficiente para querer que perduren juntos? Para nada.

Llega el momento de hablar del elefante en la habitación. El final es una parte fundamental de este anime, y es una lástima que no muestren los eventos tal como en el manga. De todas formas, ciñiéndome a la adaptación de Madhouse, Paradise Kiss tiene una pareja interesante. No porque su historia o sus momentos sean atrapantes o simpáticos en particular, sino por el adiós que tienen que decirse. No será el mejor, pero pensando en series de romance accesibles a un público juvenil si aporta un tono realista muy necesario. Yukari y George son disfuncionales como dúo, y por ello su farsa envuelta en terciopelo debe terminar. Es un cierre agridulce que gustará más o menos, pero me hace recordar más a la modelo y el diseñador que a otros adolescentes que apenas se declararon en las aulas. Sentimos el dolor de Yukari con la partida del peliazul, pero es un mal que simplemente sucede, como tantos otros en la vida. Nunca he escuchado a nadie quejarse de este final. Al contrario, muchos reconocen que mejora una serie que con otra conclusión no destacaría.

He intentado modificar un poco la estructura tan rígida de las anteriores entradas de esta sección, que necesitaba modificaciones urgente.

¿Hay alguna pareja que quieres ver comentada por aquí? No dudes en mencionarla en los comentarios.

 

 

 

 

 

 

Maratón DreamWorks 10: “El Espantatiburones”

Meses atrás en esta maratón quedó finalizada la primer etapa en la filmografía de DreamWorks (no me cansó de repetirlo, lo sé). Una ciertamente curiosa, sin una identidad marcada. CGI, animación tradicional, stop motion, estilos visuales diversos y hasta géneros y tonos diferentes para cada cinta fueron utilizados. Sin dudas es un recorrido interesante (a pesar de lo irregular que resulta), pues muchos films que pertenecen en la misma tuvieron poco éxito y a largo plazo fueron olvidados y opacados por las producciones que ahora tocan.

Nos quedamos en Shrek 2, que estableció a la comedia en CGI como el estilo definitivo de la DreamWorks. Su triunfo en la taquilla marcó indefectiblemente la tendencia para los próximos años. Quizá me equivoque, pero lo que a muchos se les viene a la cabeza cuando piensan en esta compañía suele ser este tipo de largometrajes. Pero bueno, dejando los análisis de ciclos de lado, vamos con la siguiente cinta en el recorrido: El Espantatiburones (2004). Para muchos es la peor película que salió de DreamWorks, y otros consideran que no es tan terrible, veremos qué marca deja en el conjunto.


Dirigida por Bob Bergeron (El camino hacia El Dorado) y Vicky Jenson (Shrek), esta película nos lleva a un mundo subacuático muy similar a la ciudad de Nueva York – o al menos al Times Square – en el que conocemos a Oscar (Will Smith), un pez que trabaja en un lava-ballenas y que ansía tener una vida de lujos. Todos le dicen que debe bajar a tierra, pero le llegará una oportunidad con la accidental muerte del hijo de un tiburón mafioso (Robert De Niro). La ciudad lo considera un héroe por deshacerse de una amenaza para la comunidad de los peces, volviéndose una celebridad. Entablará amistad con el otro hijo del tiburón, el vegetariano Lenny (Jack Black), que pretende iniciar una nueva vida entre los peces.

Como muchas de las películas que veía cuando era pequeña a principios de los 2000, esta cinta está atravesada por todo lo que estaba de moda en dicha década: el rap y hip-hop, celebrities del momento, frases cool, y las escenas al final con música destinada a ser parte de la lista de éxitos. Si bien muchos de esos elementos siguen persistiendo en el cine de animación actual, creo que se entiende a lo que me refiero. Gran parte del guión consiste en insufribles chistes de juego de palabras sobre Hollywood

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DreamWorks ha empleado siempre celebridades para doblar a sus personajes, no es algo que inició aquí. Sin embargo, mientras que en casos como el de Antz la historia se sentía orgánica y la selección de los actores de voz tenía directa relación con la personalidad de cada uno, El Espantatiburones parece totalmente construída alrededor de las figuras que forman parte, realizando referencias constantes a sus anteriores trabajos y teniendo implicancia directa en su diseño. En consecuencia, se siente más como un gran producto rentable y manipulador.

Otro problema con este paso intrascentede en la cronología fílmica de la productora es que carece de la personalidad para erigirse como una historia que valga la pena. Es tanta la similitud con su predecesora, la segunda de Shrek, que se ve absolutamente opacada al no aportar un giro lo suficientemente llamativo. Nuevamente se parodia un género cinematográfico (en este caso el de mafiosos), tomando un entorno que adquirió popularidad con Buscando a Nemo de Pixar, dándole el toque “moderno-urbano” para que los chicos del momento se interesen en verla.

 

Se podría decir que la saga de Shrek tiene características similares en cuanto a utilizar elementos propios de su tiempo. La (gran) diferencia es el manejo de los personajes para mí. Mientras que el ogro y compañía se hacen querer aún con sus defectos, los peces y tiburones no me generan nada. Más allá de la actitud sumamente egoísta de su protagonista, el mayor problema radica entorno a la falta de empatía que producen en el espectador de cualquier edad. Carecen de un objetivo o carácter con el que todos puedan reconocerse o reconocer a otro. Como dijo Roger Ebert en su crítica, la película está tan preocupada con las referencias a Hollywood y sus celebrities, manejando problemáticas adultas, que al final no logra que nos importe.

¿Significa que es la peor de todas? Bueno, teniendo en cuenta de que ni siquiera hemos llegado al Ecuador de la filmografía es absurdo afirmar algo tan contundente. Pero sin lugar a dudas el estilo visual y la música no ayudan (Hans Zimmer en uno de sus peores trabajos, ya que tampoco le mandaron a componer un score extenso) a una historia irrelevante. Me he reído con algunos chistes, pero principalmente porque entiendo las referencias, y poco tienen que ver con el escenario en el que nos quieren introducir. No es olvidable, lo cual es relativamente mejor que ser un bochorno, todo hay que admitirlo.

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Si te gusta el cine de mafia, y quieres reírte un rato con la autoparodia que Hollywood adora hacer, es una película para ti. En mi caso, me asquea lo suficiente para no volver a verla nunca más. Una pena, porque de pequeña (no me explico cómo) me gustaba bastante, y de hecho recuerdo jugar a su versión videojuego. La fórmula de Shrek, por lo visto, funciona exclusivamente en dos films.


Espero que disfruten este regreso de la maratón, que honestamente me daba bastante pereza retomar. Ahora se vienen una seguidilla de cintas de comedia 3D que jamás me he interesado lo suficiente como para verlas o recordarlas. Creo que ahora sólo puede mejorar este nivel tan bajo, ¿o no?

 

 

Hiatus indefinido

Este año ha sido complejo para el blog, una vorágine adecuada a su nombre. No de palabras, si no de eventos y situaciones personales que generaron esta inconsistencia con el ritmo de publicaciones.

El que mucho abarca poco aprieta, dicen. Y ciertamente fue mi caso este año. No he podido manejar bien los tiempos con mi ingreso a la universidad. Así que opto por pausar este blog hasta las vacaciones (quizá). Retomaré cuando crea que puedo organizarme adecuadamente.

Muchas gracias a los lectores y seguidores del blog por sus comentarios y lo bien que me recibió la blogosfera manganime siendo una novata.

Nos seguiremos leyendo en los comentarios de otros blogs que no pienso dejar de leer y por redes sociales. Mientras tanto, a estudiar se ha dicho.