[TAG] Los libros de mi niñez

Hace mucho tiempo que no hago un tag en Vorágine de Palabras, así que quería volver a traer este tipo de formato pero no de la forma tan limitada que suele adoptar (a mi gusto, claro). Así que, rebuscando entre diferentes blogs, encontré en el fantástico y personal blog de Coremi, Saltos en el Viento este dedicado a la lectura. Acabamos de pasar la Navidad y la noche de Reyes, fechas en los que la nostalgia está siendo moneda común, por lo que me pareció perfecto rememorar mis días de infancia con el tag creado por la misma Coremi para que contemos nuestras primeras aventuras entre páginas.

Como en un flashback les presento a la pequeña Faelyan, una niña que adoraba los libros. Para mi eran objetos sumamente curiosos, pues tenían la capacidad de transportarme a otros mundos mientras la pasaba mal en el colegio y me aburría en el supermercado. Me encantaba la sensación tan desconcertante que suponía dejar la lectura para volver a la realidad, todavía con mi cabeza en los personajes y sus peripecias. También disfrutaba de ir a las librerías, donde en la sección infantil encontraba bellas ediciones, de tapa dura y rústica, que con sus colores, ilustraciones y portadas me tenían embobada. Con el paso del tiempo, me dejaron de atraer las jugueterías, porque existían libros-objeto (como me gusta llamarlos), que eran tan llamativos e imaginativos como cualquier muñeco.

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Fuente: Saltos en el Viento

Como muchos otros niños, mis primeras lecturas no fueron a través de mis propios ojos, sino mediante las narraciones de mis padres. En VHS veía la mayoría de películas de Disney basadas en cuentos de hadas (mis padres me contaron que Blancanieves y los Siete Enanitos la veía varias veces cada día), por lo que también disfrutaba de escuchar las historias en su versión escrita. Tantas veces había visto las películas y escuchado los cuentos que en un punto me los sabía de memoria, contándoselos después a mi hermano pequeño. Se ve que mi gusto por ellos era tal, que el primer libro que me regaló gente que no fuera de la familia fue una versión de Pinocho que me dio la profesora de sala de 4 años.

Supongo que los cuentos de hadas son un primer acercamiento bastante común para los niños, y tenían la ventaja de que variaban poco a pesar de tener grandes cantidades de ediciones diferentes. Disfrutaba de las ilustraciones tanto como del texto. Y siendo honesta, me costó en un futuro engancharme con la saga de Harry Potter por la ausencia de las mismas. Mi mejor amiga – lectora más ávida que yo – me veía algo inferior por no aventurarme con “lecturas de verdad”, pero jamás creí que un título fuera mejor por no contar con dibujos o detalles que la editorial incorpora.

Sabiendo esto no es de extrañarse que los primeros libros que decidí tener fueran de fantasía con ediciones cargadas. La única vez que algo relacionado a la literatura estuvo de moda en el curso al que iba fue cuando todos los niños de 7 años tenían la saga de Gerónimo Stilton. Había novelas que narraban las desventuras cotidianas de este ratón periodista con sus amigos y familia en Ratonia, pero las que más me gustaban eran las de su colección Viaje al Reino de la Fantasía: cuatro partes (que haya leído, luego continuaron publicándose más) en las que todo tipo de criaturas y locaciones aparecían, con mucha impronta del folklore de distintos países. Además tenían gran cantidad de preciosas ilustraciones, una tipografía llamativa y páginas especiales con olores. Años después quise engancharme con una saga spin-off de la hermana de Gerónimo, Tea Stilton, pero nunca lograron mi interés.

Italia tenía una fuerte impronta en el mundo editorial infantil, al parecer. No sólo la pluma tras toda la colección antes mencionada del ratón provenía de allí, sino que también dos obras importantes para mí tenían su origen en una escritora italiana: Elisabetta Gnone. Esta señora fue responsable de mi primer (y por ahora único) cómic occidental que me interesara para conseguir. W.I.T.C.H es ahora para mí un trabajo no muy distinto a los magical girls japoneses que veía en la televisión, pero echando la vista atrás creo que los personajes lidiaban con problemáticas más cercanas a los lectores adolescentes de ese entonces. No me quedó ningún ejemplar en mi estante, pero recuerdo con cariño las ocurrencias de Irma, la seriedad de Cornelia y esos trajes que seguramente serían muy incómodos para pelear.

Sin embargo, el trabajo de Gnone que me marcó y mi saga favorita de pequeña era Fairy Oak. Ambientada en un pueblo ubicado en un valle encantado, la historia desprendía fantasía clásica por los poros. Un hada niñera, llamada por una bruja para que se haga cargo de sus sobrinas: Vainilla y Pervinca Periwincle, gemelas que encierran la naturaleza complementaria de la magia, pues una es bruja de la luz y otra de la oscuridad. Es un lugar en el que la paz prospera entre magos de distinto poder, hadas, humanos sin habilidades sobrenaturales y un roble encantado. Sin embargo, acecha la amenaza sobre el mismo y las hermanas cuando un señor oscuro aparece para enemistar los bandos. De manual, ¿verdad? Más allá de ser convencional, adoraba ser testigo de las peripecias cotidianas de las niñas y sus amigos en el pueblito, desde ir al colegio hasta deleitarse con un pastel.

Además de la carisma de sus personajes y el encanto del valle, la edición era impecable. Con escasas ilustraciones cerca del texto, contaba con algunas páginas a color muy bonitas, de aspecto artesanal y antiguo. Acompañaba de maravilla a la sensación de inmersión en ese mundo tan simpático sin mucha floritura. Disfruté de su trilogía principal, que cubre el conflicto tan clásico entre el bien y el mal. Pero también me dejaron satisfecha los cuatro libros que, más que una continuación, daban más importancia a los secundarios y cerraba la infancia de sus personajes de manera sencilla y agridulce. Espero algún día reelerlos y descubrir esta historia desde otro punto de vista.

La última saga que me tenía obsesionada era la tetralogía de Emily The Strange. Un personaje nacido del merchandising que luego se convirtió en la protagonista y narradora de los libros en formato diario. Una chica de 13 años cuyas aventuras son mucho más bizarras que las de cualquier novela infantil: la chica lidia con una súbita amnesia, su propio doble malvado, una niña que le puede quitar su conocimiento y viajes a tiempos remotos.

Cargado de palabras absurdamente largas y enrevesadas, además de las ilustraciones y estilo devenido de culturas underground; me fascinaban tanto estos libros que comencé a escribir diarios sin ningún tipo de perseverancia sólo para imitar a este personaje. Se me hacía tremendamente cercana e incluso verosímil aún con tanta locura de por medio. Alguna vez durante la adolescencia releí la saga (cuyos tres primeros libros son bastante independientes entre sí), y la pasé tan bien con Emily como siempre. No será un gran personaje literario, pero siempre tendrá un lugar en mi corazón.

De pequeña pasaba mucho tiempo en bibliotecas. Tanto las escolares como la municipal. Apenas supe de su existencia, no pude evitar ir sólo porque adoraba las atmósferas que tenían. Podía hablar de libros con otros niños y recomendarnos títulos constantemente. Mi primer libro prestado de una de ellas fue el El Sobrino del Mago: el primero de las archiconocidas Crónicas de Narnia de C.S. Lewis.

812acwt2bc2lPor último, y un poco menos importante, están las enciclopedias no académicas. Guías que enseñaban sobre la ficción, sus arquetipos y todo lo que asociamos a la fantasía en todas sus manifestaciones. De criaturas mágicas y leyendas, me entretenían tanto como una buena historia. Muchas veces tenían bastantes dosis de comedia en sus entradas, aunque otras realmente buscaban informar.

La Guía Completa de Fantasilandia de Diana Wynne Jones con toda su sátira a los clichés propios de las novelas de fantasía, resulta tan divertida como inspiradora para crear mundos propios. Para más risas todavía, acudía al Monstruario de la argentina Liliana Cinetto. Plagado de chistes amenos para un publico más pequeño e ilustraciones de varios artistas, el estilo de la autora era bastante lejano a lo que uno espera del registro formal de una enciclopedia, lo que hacía su lectura más deliciosa.

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Si quería aprender leía La Guía Secreta de Harry Potter de El Cronista de Salem, un potterhead que recopiló todos los datos posibles del mundo mágico de J. K. Rowling en la era de los foros, cuando Pottermore no existía. También tenía en la estantería diferentes tomos enormes de mitología grecorromana y guías ficticias de magia para cuando jugaba a ser bruja.

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Y esos fueron los libros que más recuerdo de mis primeros años en este mundo. Hubo otros, entre ellos lecturas escolares y pequeños ejemplares en gallego que apenas tengo en mi memoria. Quise mencionar lo que más me marcó, y muchas de esas sagas y mundos ficticios hicieron mi infancia más feliz.

Espero que no se hayan aburrido con mi cantinela nostálgica. Saben que pueden contarme sus lecturas infantiles en los comentarios, y los dejo libres de hacer el tag si quieren. Eso sí, debo nominar aunque sea a dos personas cuyas respuestas me interesan muchísimo:

Ojalá disfruten haciéndolo tanto como yo. ¡Ahora toca volver al presente! Que hay muchas entradas que me quedan en el tintero.

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4 comentarios en “[TAG] Los libros de mi niñez

  1. ¡Hola! La verdad no he leído la mayoría de los libros que mencionas pero he visto en muchas librerias (incluso en la actualidad) Fairy Oak y Emily the Strange, ambas sagas tienen ediciones preciosas. Yo también tuve una etapa en que me interesaba por todas la información que saliera de Harry Potter aunque no fuera oficial. También me encantaban todos los libros referentes a mitologias de cualquier país y tenía varios de esos en mi niñez.
    Este tag creado por Coremi es muy interesante, porque podemos ver un poco de lo que forma a cada individuo como lector. Me alegra que te decidieras a hacerlo 🙂 ¡Saludos!

    Le gusta a 1 persona

    • ¡Hola Noctua!
      Es que son bastante actuales, mi infancia no fue en los noventa precisamente jajaja.

      Es que el universo de Harry Potter es tan interesante y bien construído que es un imán para la imaginación.

      ¡Gracias por leerlo! Le eché un vistazo al tuyo, y me recordó a mis primeras lecturas de verdad, todas cuentos con ese encanto de ediciones antiguas pero atemporales al mismo tiempo… ¡Cuánta nostalgia!

      Nos leemos 😀

      Le gusta a 1 persona

  2. Hola Fae, me alegra que te animaras a hacer el Tag y que hayas disfrutado recordando tus lecturas y libros de infancia. Gerónimo Stilton lo leyó mi hermano, fue divertido verlo por aquí. Conozco a Emily Strange como personaje de merchandising pero no sabía de su saga literaria.
    De “Fairy y Oak” había un ejemplar en una librería que frecuentaba y hojeándolo me pareció un libro muy entrañable, que seguro haría las delicias de los más pequeños/as.
    Ohh mi querida Narnia también está en la lista, tengo en mi estantería “El sobrino del mago” “El caballo y el muchacho” y “La travesía del viajero del Alba” me encantan las portadas y las ilustraciones y espero poder terminar de leer la saga alguna vez.
    Del niño mago tengo “Los mundos mágicos de Harry Potter” y adoraba leer ese libro donde había datos muy interesantes que arrojaban luz sobre ciertos detalles de la trama y había mucha mitología. Por cierto muy fan de tus guías mágicas. La de Winry Jones debió ser todo un placer leerla, ¿has leído su saga del Castillo Ambulante?
    Saludos y gracias por participar, nos leemos 🙂

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    • ¡Hola Coremi!
      Me llama la atención que Emily Strange sea conocida por estos lares como personaje de merchandising. Si no era por su saga literaria dudo que haya sabido de su existencia.

      Justamente, Fairy Oak es entrañable. Tengo muy buenos recuerdos de sus personajes.

      De Narnia sólo llegué a leer El Sobrino… y El León la Bruja y el Armario. Los pedía en la biblioteca, y después El Caballo y el Muchacho no me llamaba la atención al ser una historia bastante independiente. También quiero leerme la saga completa algún día.

      Te recomiendo muchísimo la guía de Wynne Jones, vale su peso en oro. Lamentablemente nunca conseguí otra obra suya. De hecho no se si acá publicaron El Castillo Ambulante, aunque seguro que después de ver la peli de Ghibli (que la tengo pendiente), me dan ganas de leer el material original.

      Te felicito porque el tag es fantástico, es muy general para que cualquiera lo haga pero al mismo tiempo es extremadamente personal.

      Nos leemos! 😀

      Le gusta a 1 persona

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