Travesía Ghibli #3: “Mi Vecino Totoro”

Hace unas semanas hemos comenzado este recorrido por la filmografía del estudio Ghibli con Darijosanatus de Cuatro Torbellinos Parlantes. Comentamos dos filmes dirigidos por Miyazaki, con una historia fantástica en mundos absorbentes: Nausicaä del Valle en el Viento (1984) en este espacio, y El Castillo en el Cielo (1986) en el blog de mi acompañante en esta aventura. Ambas películas nos encantaron, y no podemos dejar de recomendarlas como cintas que te introducen al cine del aclamado director por la puerta grande. Verdaderos clásicos.

Sin embargo, ahora toca la primera gran cinta del estudio y del cineasta en cuanto a popularidad al menos, pues el espíritu del bosque – que según Miyazaki en realidad es un animal – llamado Totoro está en todas partes, siendo el principal ícono de Ghibli y un mega objeto de todo tipo de merchandising. Tratamos sin duda con un peso pesado de la animación mundial, y no va a ser tarea fácil.

Tres años atrás yo lo había visto, sin entender el motivo por el que éste gusta tanto. Darío experimenta esta historia por primera vez, así como con las demás obras producidas en Ghibli. ¿Qué impresiones nos ha dejado una película tan reconocida? Acompáñanos en esta tercera entrega de la Travesía para saberlo.


En los años 50, una familia japonesa se traslada al campo. Las dos hijas, Satsuki y Mei, entablan amistad con Totoro, un espíritu del bosque. El padre es un profesor universitario que estimula la imaginación de sus hijas relatándoles fábulas e historias mágicas sobre duendes, fantasmas y espíritus protectores de los hogares, mientras la madre se encuentra enferma en el hospital.

Fuente: Filmaffinity

Darijosanatus: No sé con qué palabras empezar para comentar este film. Siento por mi parte que lo que digamos aquí ya se ha dicho en las miles de reseñas, reviews o análisis que se han hecho sobre nuestro tan querido Totoro, película que como dice Faelyan, disfrutamos ambos de la misma manera salvo quizás pequeñas diferencias o en la propia intensidad de dicha emoción.

A Hayao Miyazaki le das un tomate que está cortado por la mitad de hace varios días y una lechuga pocha y te prepara la mejor ensalada que hayas podido probar en años, cómo que si le das un buen paquete de arroz de gran calidad junto a pimientos y demás verduras para realizar el denominado refrito, más pollo o lo que le quieras añadir al propio plato de arroz, y te realiza una paella genial, que no se te olvida en la vida que la has probado. Tiene unos aliños especiales o manera de cocinar que hace que, pese a la antigüedad o frescura y calidad de sus ingredientes logra unos resultados fantásticos e inmejorables. ¿Cuál es su receta para conseguir tremendos platos? Sólo lo sabe él y parte de su equipo de producción, nosotros sólo lo podemos intuir levemente pero sabemos que tienen algo de especial esas comidas tan ricas que nos hace.

De parte nuestra, vamos a intentar descubrir cuáles son las proporciones y los tipos de ingredientes que usa en Mi Vecino Totoro, la cantidad de aceite y vinagre que le echa, el tiempo que lo deja en reposo, si lo mete en el horno o en algún electrodoméstico que nosotros, o yo al menos, no tengo, no sé si la autora de este blog lo tiene, pero sí dice que sí seguro que nos engaña.

 

En primer lugar, la estructura de un slice of life que tiene. Este género en el anime se ha ido popularizando en los últimos años, y se define como una historia sencilla, sin una trama compleja pero llena de momentos emotivos, en la que te vas encariñando de los personas, de sus vivencias. Mi Vecino Totoro lo usa a la perfección y de manera muy natural, creando ese pueblo entrañable en plena naturaleza con habitantes completamente agradables y de buen corazón, acompañando a Mei y Satsuki en su día a día.

Por otro lado, y con el toque de ‘animismo’ que hasta ahora he ido viendo a lo largo de las obras de Miyazaki, se encuentra la magia aportada por el denso bosque donde Totoro vive en algún rincón, el cual puede aparecer en el momento que menos te lo esperas, pero eso sí, no todos pueden verlo y si lo intentas buscar probablemente no lo consigas encontrar. Las escenas de Totoro con Mei y Satsuki son esas situaciones fantásticas y excepcionales en las cuales le podemos ver, y sin ellas probablemente no habríamos visto al tan querido icono del ‘Studio Ghibli’ en la película.

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Podemos encontrar esa añoranza a la infancia a lo largo del largometraje, sin necesidad de artífices muy complicados, de manera completamente natural siguiendo el flujo de la propia inmersión dentro de la historia que se nos presenta. Así, y con ayuda un poco de las tan queridas niñas, podemos ver o al menos notar que Totoro existe de verdad.

Esta película consigue que los adultos vuelvan a ser niños por una hora y media, o por momentos al menos, y que los niños disfruten de toda la travesía imaginando a Totoro y creyendo que existe de verdad, que está en algún lugar muy escondido en el bosque más cercano nuestro y que cualquier día puede aparecer ante ellos y ayudarles en lo que necesiten. Una auténtica película familiar que merece mucho la pena de verdad y a la que no le han pasado los años, como suele ser habitual en las obras de Ghibli hasta el momento que yo he visto personalmente. Yo como Fae, me sentí completamente encariñado y deseando vivir en ese pueblo y cuando acabó la película sentí como había que volver de vuelta a la maldita vida adulta.

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Antes de cederle el turno a Fae, cómo no, yo no puedo dejar mi toque ambientólogo sin aparecer. Totoro aparte de ser el icono de ‘Studio Ghibli’ y la extraña criatura que habita en los bosques de esta película o protagonista de la misma, también es una especie animal. Fue descubierta en 2013 en Vietnam por los zoólogos Pavel V. Kvartalnov, Eduard A. Galoyan e Igor V. Palko entre otros, gracias a los datos moleculares y no por morfología, ya que las especies de este gusanito en concreto son muy complicadas de distinguir, y les pusieron el nombre de Totoro, Eoperipatus totoro en concreto se denomina la especie, ya que el gusano (los onícoforos) les recuerda al gatobus que usaba Totoro para desplazarse. Es que hasta en la ciencia, la zoología en concreto, llega la influencia de Miyazaki y sus obras, o más bien, difícil se hace no disfrutar de sus películas y no hacerse fan de ellas.

Faelyan: Previamente mencionaba que hace un par de años vi por primera vez las peripecias de estas hermanitas en su encuentro con Totoro, y francamente no me había gustado. Mi ojo occidental no percibía nada familiar en esta película, los personajes no me atraían y la criatura me parecía más extraña que encantadora. Además, todavía no sabía apreciar las sutilezas de los slice of life o los iyashikei. No necesariamente son géneros en los que se puede encajar a Mi Vecino Totoro, pero sus narrativas no se basan siempre en la clásica estructura de los tres actos, y no siguen los desarrollos a los que estamos acostumbrados en este lado del mundo. Por ello, en esta revisión cambió totalmente mi opinión de esta obra maestra.

La historia es simple, y eso permite que el film brille en lo realmente importante: el cómo se cuenta. Hay una naturalidad, una frescura y una gran personalidad atada a éste, que son los que hacen que sea tan querido por muchos espectadores. Sabe capturar muchas emociones: la nostalgia por esa infancia desenfadada, curiosa y por momentos mágica, sin dejar de lado las problemáticas que pueden surgir en el camino. Cada momento es importante, a pesar de que no tenga gran importancia acordarse el orden de los eventos, ni que los diálogos sean memorables. Es un largometraje que nos toca la fibra sensible de una u otra forma, apelando al medio que tiene a disposición, que es por supuesto la animación, logrando que sintamos gran empatía por los personajes llegando al fin de la cinta.

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Esto se debe en gran parte a que a su vez es una de las películas más personales del director. Basada en gran parte en su estadía en la ciudad de Tokorozawa, ubicada en la prefectura de Saitama, los lugares que recorría Miyazaki en sus paseos lo inspiraron fuertemente para contar esta historia. Asimismo, la madre del director había padecido tuberculosis (enfermedad que tiene la madre de las niñas según la adaptación a novela del film), lo que contribuyó a que las protagonistas fueran niñas, pues hubiera sido muy doloroso para el propio Miyazaki hacer la película si fueran hermanos en su lugar.

giphy5Asimismo, al no recurrir a fuentes como un manga o numerosas referencias a otras obras, como sucedió en las dos películas ya comentadas, la trama y el ritmo se sienten mejor manejados, generando una película sólida, que se valora más con los revisionados (y si no que vean cómo mi perspectiva sobre ésta dio un giro de 180° la segunda vez) además de memorable. Las escenas están desarrolladas de una forma muy cinematográfica, que usa muy bien su medio y que apela a nuestras emociones más primarias. ¿Quién no recuerda ese momentazo tan referenciado y parodiado de la parada del autobús? Esa atención a las pequeñas acciones de cada personaje, las interacciones cotidianas y el maravilloso uso de los silencios es algo que se volvería marca de la casa, y que sin lugar a dudas vuelven especiales a las películas producidas en este estudio. giphy6Ya no necesitan contar una buena historia, o seguir una estructura, sino que con su diseño, sus personajes y unas escenas perfectamente construidas ya se vuelven clásicos, pudiendo cualquiera encontrar algo con lo que enamorarse de sus trabajos.

Luego de este revisionado me queda añadir que no concuerdo con esa postura tan instalada de que en la cinta “no sucede nada”, o que “no es una típica historia”. Por más que tenga escenas con poco diálogo, o preste atención a situaciones habituales en un pueblo rural, Satsuki y Mei sí tienen algo que contar antes de toparse con el espíritu del bosque. Tienen un conflicto con el que lidiar mientras se adaptan a su nuevo hogar. Otro guionista lo hubiera abordado por el drama y la miseria; después de todo, estas niñas tienen a su madre enferma y para colmo su casa nueva se cae a pedazos. Cualquiera estaría tremendamente decaído. Esto es lo que me parece que muchos omiten a la hora de alabar esta cinta: su mensaje tan positivo, vitalista y que deja un impacto a cualquier edad. Las pequeñas con su padre encuentran diversión y momentos para desplegar su imaginación en cada rincón en el pueblo, por lo que el espectador siente una mezcla de nostalgia, entretenimiento, ternura y curiosidad frente al entusiasmo de las protagonistas, motivado por ese enorme… Totoro.

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Aparte del mensaje en sí, es algo a apreciar desde un punto de vista no japonés las decisiones narrativas que se toman aquí. No hay villanos, no hay un conflicto o amenaza en especial, no se intenta esconder a Totoro ni hay un enfrentamiento entre niños y adultos porque estos últimos no les creen. Resulta muy extraño ver esta película sin conocer el estilo del estudio, o siquiera sin estar acostumbrado a las series anime, porque termina sorprendiendo, al ver cómo no van por las tramas a las que estamos acostumbrados con largometrajes para toda la familia. Su desarrollo está basado en situaciones, en sucesos que no están muy condimentados por la tragedia, ni por un tono particular. Es, sencillamente, como la vida misma.


Además del planteamiento y la estructura de la historia, cada vez más alejada de la fórmula de película para toda la familia actual, los personajes constituyen un gran encanto del film. Son muy adorables y a uno le darían ganas de tener vecinos así en su ciudad o pueblo.

El padre es bastante particular a  mis ojos, pues pocas veces he conocido a un progenitor tan alegre, comprensivo e imaginativo como éste. La anciana del pueblo – un factor común en todas las cintas del realizador, al parecer – también es parte de ese reconfort: los adultos no son ni egoístas, ni incomprensivos, sino que son férreos secundarios que respaldan de forma asombrosa todo el tono de la historia. Normalizan y estimulan la fantasía desbordada de las niñas y las acompañan en sus alegrías. Incluso la madre, desde su desafortunada situación, se contagia del optimismo de los demás. Por su parte el nieto de Nanny aporta un elemento cómico bastante ameno, es el típico chico que tiene un crush infantil y que cada momento que aparece sabemos que nos va a hacer reír, incluso cuando no dice una palabra.

Las hermanitas, aún con las diferencias entre generaciones, capturan muy bien la esencia infantil. El encanto de Mei, que puede ser tan ruidosa y exploradora como un niño de su edad suelto en los campos, y la relación tan creíble que tiene con Satsuki hace que hasta nos olvidemos de la existencia de Totoro en numerosas ocasiones, son las que captan nuestra atención desde el comienzo de la película.

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Faelyan: Pido disculpas de antemano a los lectores. Me di cuenta de que es imposible hacerle justicia a las obras de Ghibli en cuanto a las visuales, somos totalmente ignorantes en cuanto a asuntos relacionados al diseño, la animación o el soundtrack. Sin embargo, tenemos en cuenta estos aspectos, ya que son tan relevantes como la historia y, como espectadores comunes, podemos notar cuando algo destaca. Después de todo los filmes animados no están dirigidos únicamente para expertos en la materia, ¿no?

En lo que vamos de Travesía, se percibe un cambio notable en cuanto al color. La paleta es más compleja, incluso más apastelada y con un trabajo en los fondos increíble. Luce lo suficientemente realista como para relacionarlo a una región no urbanizada, pero da un efecto maravilloso y mágico muy efectivo. Eso se lo debemos a Kazuo Oga, que con su trabajo refuerza esa impresión animista que ya ha descrito Darío en las anteriores entregas de esta sección. Es una nueva dirección a tener en cuenta, pues el director artístico contribuyó enormemente en la definición del estilo visual tan reconocible del estudio Ghibli.

Aquí también inicia una forma de usar la animación que es marca de la casa, pues a veces los personajes se mueven sin necesidad de justificarse en la trama. Mei intentando gatear sin pisar el suelo como su hermana, gestos o expresiones que no tienen una razón en el argumento, pero que construye de manera fenomenal a los personajes, y los hacen sentir reales y cercanos.  Es esa atención al detalle que fascina a tantos animadores occidentales, y que la audiencia nota de forma inconsciente.

La banda sonora estuvo nuevamente a cargo de Joe Hisaishi y, ¿qué se puede decir? Sigue aportando su dosis de atmósfera agradable, con sus armonías y acordes relajantes y fantásticos. El tema principal es pegadizo, como debería ser cualquier canción que quiere quedarse en la cabeza de los niños, aunque a mi gusto la introducción no es tan buena como las dos anteriores, pero tampoco es un problema, pues no puede explotar los elementos de fantasía que sí tenían esas.


Darijosanatus: Como hemos ido comentando a lo largo de la reseña, pese a que la propia autora del blog donde se va a subir esta entrada haya sido la que ha escrito más y me haya hecho la cama, dado de comer, lavado los dientes y demás como buena hermana mayor que es, Mi Vecino Totoro es una película en la que hay que sentarse y verla tranquilamente sin mayores pretensiones, en un momento donde te puedas olvidar de todas las preocupaciones y demás vaivenes de la vida para poder disfrutarla en su mayor pretensión, lo que no quita que otras no lo necesiten, pero en ésta es mayor la importancia a nuestro parecer ya que si no no se podrían notar esos matices: volver a recordar esos momentos de tu infancia donde jugabas con cualquier cosa, sin ningún límite a nuestra imaginación; disfrutar de esos bellos diseños y exquisita animación creada por todo el equipo artístico, con todos esos geniales paisajes y absorbente naturaleza, todo orquestado por el que ya sabemos quien es; querer a Mei y Satsuki con todo nuestro corazón y abrazar a Totoro si es que alguna vez le vemos, que seguro que tendremos suerte y si le veremos. Por todo esto y más cosas que se nos olvidarán en estas últimas palabras, hemos disfrutado de una gran película como es ésta, la tercera de nuestra travesía, que ojalá la sigamos con una mejor frecuencia y no nos desviemos demasiado.

Faelyan: A mí me queda advertir al que va a visitar a las niñas y a Totoro por primera vez que el hype y las múltiples alabanzas con las que cuenta el film son totalmente merecidos. Quizá les pasa como a mí, que eso generó demasiada expectación que fácilmente causó una decepción, pero en un revisionado o algún tipo de reflexión al respecto se darán cuenta de que el problema no es la película, si no lo mucho que difiere del estándar de película infantil actual. No termina con una canción pop, ni sigue esas tramas ya mencionadas.

Fue un gran éxito en su estreno en Japón, en gran parte por la venta del merchandising, y salvó a Ghibli de la bancarrota. Por suerte nunca se les ocurrió hacer secuelas ni películas que sigan exactamente el mismo patrón, no como otros grandes estudios de animación de este lado del planeta (ejem, ejem).

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Disfrutamos mucho de este refrescante y agradable paseo por el campo, pero ahora toca adentrarse en el pasado del país del Sol Naciente, y la primera película dirigida por la otra mente creativa del estudio: Isao Takahata. La vemos, la desmenuzamos, y si no lloramos mucho os contamos pronto por Cuatro Torbellinos Parlantes.

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